El
sistema económico, como cualquier hecho social, se encuentra sujeto a
interacciones diversas, por ello su desarrollo no puede considerarse autónomo.
El
pensamiento marxista lo define como el “conjunto de estas relaciones de
producción forma la estructura económica de la sociedad”[1];
es importante señalar que su evolución depende, efectivamente de sus
interacciones internas, pero también de la influencia y relación con otras
economías.
El
desarrollo que ha tenido la economía internacional desde la segunda mitad del
siglo XX ha sido resultado de la relación de dos fuerzas opuestas, una economía
planificada y centralizada (socialismo) y otra economía de mercado
(capitalismo).
Algunos
analistas aseguran que, tras la caída del socialismo en 1989, el capitalismo
era el único viable y con ello la victoria del mercado sobre las ideologías,
más aún, alguien postuló el fin de la historia con este acontecimiento[2].
Sin
embargo, en tiempos recientes las crisis cíclicas del sistema capitalista han
adquirido sus más feroces características y no ha sido mediante el libre
mercado que se han corregido dichas distorsiones, pues hasta el mismo ex
presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos reconoció que “la mayor
falla fue el alto riesgo incurrido por las (entidades) financieras y un bajo
nivel de regulación gubernamental”[3].
Conclusión similar a la externada por el premio nobel de economía Stiglitz que
señala: “una de las razones de que la reglamentación fuera tan permisiva se
halla en unos principios económicos equivocados, empezando por el que proclama
que la mejor manera de dirigir una economía es confiar en unos mercados sin
trabas que se ajustarán por si solos”[4].
El
resultado de dicho desastre económico, a la luz de la realidad, resulta
contundente, desde la promoción y aplicación de esas reformas, la situación
económica de quienes menos tienen se ha precarizado o por lo menos se mantiene
en condiciones negativas, es decir, el número de pobres se incrementa, la
denominada clase media tiende a reducirse mientras los que más tienen
incrementan sus capitales.
El
número de pobres se incrementa, de manera inversamente proporcional al número
de ricos.
Información
proporcionada por INEGI demuestra la polarización del ingreso:
Promedio
mensual de ingreso familiar
(cifras
en miles de pesos)
|
2000
|
2002
|
2004
|
2006
|
2008
|
2010
|
2012
|
|
|
Decil I
|
3.7
|
4.1
|
4.4
|
2.8
|
2.6
|
2.2
|
2.2
|
|
Decil X
|
88.4
|
90.0
|
102.8
|
56.7
|
55.8
|
43.1
|
42.1
|
Fuente:
Encuesta Nacional Ingreso Gasto de las Familias, varios años[5].
De
la anterior tabla se puede apreciar como las familias encasilladas en el decil
I, es decir, el sector con menor ingreso, en el lapso de 12 años han visto
reducir su ingreso promedio de 3,700 pesos mensuales en el año 2000 a 2,200
pesos mensuales en 2012.
En
el mismo orden de ideas el decil X, es decir, el sector con mayor ingreso,
refleja un comportamiento similar al observado por el decil más bajo, cuyo
ingreso promedio de 88,400 pesos mensuales en el año 2000 se redujo 47% en el
mismo periodo al situarse en 42,100 pesos mensuales en 2012.
En
la década de los noventas del siglo XX, la crisis de la deuda en los países de América Latina evidenció que entre los
participantes de una economía a nivel local tanto como internacional, quienes
tienen menos recursos son los que resienten en mayor medida los ajustes o
desajustes del sistema, por lo que no resulta sorpresivo que América Latina y
algunos países africanos presentan deudas enormes que comprometen recursos económicos
y con ello la viabilidad de los propios países.
La
incapacidad del sistema para absorber la oferta de mano de obra, en promedio un
millón anual, provoca que mucha de esta mano de obra, al igual que la que queda
fuera del sistema formal, recurra a la informalidad, e incluso a la
delincuencia, como única forma de poder subsistir, la expresión de estado
fallido comienza con este desastre económico que expulsa, pareciera que de
forma definitiva, a miles de trabajadores y pauperiza a grandes sectores de la
sociedad.
La
informalidad, de manera natural transita a la ilegalidad y cada vez más
personas encuentran en ella la posibilidad se satisfacer sus necesidades, en el
comercio informal o en casos extremos “trabajando” para la delincuencia
organizada.
En
nuestro país, la mayoría de la clase política y sus aliados del sector patronal
han propuesto como solución, la búsqueda del crecimiento económico, por medio
de las llamadas reformas estructurales.
Las
reformas estructurales, como eje de la política pública, han sido producto del
Consenso de Washington[6]
que en 1989 delineó políticas económicas que habrían de abordarse en países de
América Latina a efecto de que los mismos pudieran sortear las crisis de deuda
que presentaban.
Los
ejes sobre los que habrían de girar las reformas estructurales del Consenso de
Washington son: 1.- Disciplina presupuestaria; 2.- Cambios en las prioridades
del gasto público; 3.- La reforma fiscal; 4.- Los tipos de interés; 5.- El tipo
de cambio; 6.- Liberalización comercial; 7.- Política de apertura para la
inversión extranjera directa; 8.- Política de privatizaciones; 9.- Política
desreguladora y, 10.- Derechos de
propiedad[7].
Los
efectos de la aplicación de estos “ejes rectores” a las economías de la región
permitió que algunas de ellas redujeran sus índices de inflación y lograrán
mantener tipos de cambio estables, en general, y en términos económicos que
mantuvieran una estabilidad macroeconómica “que incentivara el regreso de los
flujos de inversión extranjera en la región”[8].
En
contraposición, los efectos “desalentadores en términos de crecimiento
económico, reducción de la pobreza, redistribución del ingreso y condiciones
sociales. De hecho, la llamada década perdida de los años 80 del siglo veinte
registró un crecimiento del PIB sobre el 1%, algo inferior al obtenido en los
años 90, que lograron un incremento del 1,5%, lejos de las tasas de los años
70, cuando el crecimiento anual promedio se había situado en el 5,6%”[9].
Los
resultados no del todo alentadores, devenidos del Consenso de Washington,
dieron pie a una segunda generación de reformas que a decir del autor Casilda
“ha contribuido a generar lo que parece ser un consenso creciente: la necesidad
de iniciar lo que se ha venido denominando ´reformas de segunda generación´.
Si
las primeras reformas centraron su esfuerzo inicial, casi exclusivamente, en la
reducción del papel del Estado, la estabilidad y la ampliación del espacio de
competencia del mercado, el énfasis actualmente se dirige a los aspectos
positivos de la actuación del Estado. Es decir, aquellos aspectos que resultan
fundamentales para asegurar el buen funcionamiento del mercado, en particular
el fortalecimiento institucional.
Las
enseñanzas de los últimos 20 años demuestran que el cambio estructural no
consiste simplemente en adoptar buenas políticas públicas, sino en asegurar el
dinamismo de un proceso de cambio permanente, el cual requiere instituciones
que se ajusten a la problemática nacional y que permitan enfrentar los nuevos
retos”[10].
Con
motivo de la Celebración del Foro Universal de las Culturas en el 2004, se
realizó el encuentro “Del Consenso de Washington a una nueva gobernanza global”
conocido como la Agenda de Desarrollo de Barcelona y en la cual se pretendió
“trasladar un mensaje sin condicionantes generalizados de la realidad,
discutiendo los efectos producidos por las reformas económicas del Consenso de
Washington, para que sirvan como lecciones para la toma de decisiones
económicas que emergen de esta experiencia, junto con el comportamiento de un
sistema económico internacional, en el cual los países pobres y de renta media
están cada vez más integrados e interrelacionados en el contexto global.”[11],
estos resultados se traducen en siete acuerdos que se pueden sintetizar de la
siguiente forma:
“1.-
Tanto los principios económicos como la experiencia internacional nos sugieren
que la calidad institucional, una economía de mercado que mantenga un
equilibrio entre mercado y Estado, y la atención a la distribución de la renta,
constituyen la base de las estrategias de desarrollo con mayor éxito; 2.- La historia
reciente nos muestra, una y otra vez, que un endeudamiento elevado, un sistema
bancario escasamente regulado y una política monetaria laxa son serios
obstáculos al desarrollo; 3.- No existe una única política económica que pueda
garantizar un crecimiento sostenido; 4.- Se tiene el convencimiento de que
todas las negociaciones comerciales multilaterales tienen como objetivo
perseguir el desarrollo económico; 5.- Otra de las comprobaciones
significativas se encuentra en que los acuerdos financieros internacionales no están
funcionando del todo bien, pues los países pobres continúan alejados de los
flujos financieros privados y los niveles de ayuda oficial siguen siendo
insuficientes; 6.- Los acuerdos internacionales actuales tratan los movimientos
de capital y de trabajo de forma asimétrica y,.7.- En cuanto al empeoramiento
del medio ambiente y sus externalidades negativas, incluyendo los problemas de
calentamiento global, necesita ser abordado con políticas de desarrollo
sostenibles a nivel global y nacional” [12].
Estas
reformas tienen el carácter de estructurales, pues “a decir de los economistas, que han
descubierto que, cuando algo no funciona,
es tiempo de realizar una reforma; que se dice estructural porque es
necesario que la estructura de incentivos cambie para toda la sociedad y motive
un cambio en las costumbres tanto de consumidores como de las empresas y el
mismo gobierno”[13].
En
el caso de México se ha mencionado como reformas estructurales: la del Estado,
política, judicial, electoral, Distrito Federal, como agenda inmediata,
acordada en la Conferencia Nacional de Gobernadores[14].Aunque
las reformas que son citadas con mayor frecuencia son aquellas relacionadas al
ámbito económico como la energética, telecomunicaciones, hacendaria y, por
supuesto, la reforma laboral, está última, resulta francamente inexistente,
pues su reforma es parcial e ineficaz.
Un
estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que, “las reformas
estructurales no han sido el único factor que ha incidido en la productividad y
el crecimiento en los últimos decenios. Las tendencias de crecimiento en los
países desarrollados y en la economía mundial como un todo, las cuales habían
sido alentadoras en los años 50 y 60, perdieron impulso en las décadas que
siguieron”[15].
Por
ello, según el estudio del BID[16]
existe una percepción de fatiga en las sociedades latinoamericanas en cuanto a
las reformas en marcha en dicha región debido, principalmente, al magro logro
de las mismas y el deterioro económico que dejaron tras de sí, pues los
resultados han indicado que si bien se ha reducido el ritmo de empobrecimiento,
también es cierto que se ha agudizado el problema de la distribución del
ingreso.
En
el discurso, se atribuye a esas reformas y en especial a la laboral, la
capacidad de detonar, casi de manera instantánea, la creación de empleos, lo
cual no ha ocurrido con dichas reformas y, en el caso de la reforma laboral, ha
ocurrido lo que adelante referimos.
[1] Marx, Carlos, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la
Economía Política, Fondo de Cultura Económica, México 1999, p. I.
[2] Fukuyama, Francis, El fin de la historia y el último hombre,
Planeta, Argentina, 1992.
[3]
Greespan, Alan, The Crisis, Greespan Asociates
LLC, Estados Unidos, 2010, p. 48.
[4]
Stiglitz, Joseph, Crisis mundial,
protección social y empleo, Revista Internacional del Trabajo, vol. 128
(2009) número 1-2, Junio, pp. 1-15, Organización Internacional del Trabajo,
2009, p. 112.
[5] Instituto Nacional de Geografía y Estadística
(INEGI), Encuesta Nacional de Ingreso y
Gasto de los Hogares, México, 2000, 2002, 2006, 2010 y 2012 http://www3.inegi.org.mx/sistemas/productos/default.aspx?c=265&s=inegi&upc=702825051105&pf=Prod&ef=&f=2&cl=0&tg=3598&pg=0&ct=108020000.
[6]
Casilda, Ramón, América Latina: Del
Consenso de Washington a la Agenda del Desarrollo de Barcelona, Real
Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, España 2005, p. 4.
[13]
COPARMEX, Entorno recomienda, en Revista
de la COPARMEX, Reformas estructurales, México, Abril 2009, http://www.coparmex.org.mx/upload/bibvirtualdocs/3_entorno_abril_09.pdf.
[14]
El Universal on line, CONAGO urge a
trabajar en reformas estructurales, 14 de julio de 2012, http://www.eluniversal.com.mx/notas/859042.html.
[15]
Banco Interamericano de Desarrollo, Ideas
para el Desarrollo en las Américas, Volumen 3, enero-abril 2004, p. 3.
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